Mercados
Lunes, 12 de Octubre del 2009

Perú y Chile: Una historia de éxito en los negocios opacada por el clima político

Mientras la agenda política entre Chile y Perú avanza por un complejo camino, los negocios entre ambos países prosperan, gracias a la reciente compra de la mayor cementera de Chile por parte del principal grupo empresarial de Perú: Grupo Brescia. ¿Se trata de un hecho aislado o representa, tal y como aseguran algunos expertos, el comienzo de una integración económica regional? ¿Cuáles son las principales oportunidades de negocio entre ambos países? y ¿hasta qué punto las barreras políticas y administrativas podrían poner en riesgo el éxito de ésta y las futuras alianzas empresariales?

 

Mientras la agenda política entre Chile y Perú avanza por una compleja senda, marcada por desacuerdos limítrofes y las heridas de un antiguo conflicto armado -la Guerra del Pacífico (1879-1884)-, los negocios entre ambos países parecen ir viento en popa. En esta guerra Chile combatió contra Perú y Bolivia, y como consecuencia de la victoria del primero, las provincias peruanas de Tacna, Arica y Tarapacá -regiones ricas en salitre y cobre- pasaron a formar parte del territorio chileno.

Este acercamiento en el terreno económico quedó demostrado en agosto último, cuando el mayor conglomerado empresarial de Perú, Grupo Brescia -cuyas ventas alcanzaron los 3.250 millones de dólares al cierre del 2008 y con negocios en banca, minería, hotelería, salud, industria química y agrícola-, aterrizó directamente en Chile para anunciar una importante operación: la adquisición del 80% de Lafarge Chile -ex Cementos Melón-, la mayor cementera del país.

Según declaró Mario Brescia, presidente del Grupo, a través del diario chileno El Mercurio, “no se había presentado una posibilidad tan concreta como ésta. Hace muchos años que hemos estado buscando oportunidades en Chile”. Asimismo, el ejecutivo explicó que los planes del conglomerado en el país contemplan, además del negocio cementero, el desarrollo de un yacimiento de oro, construcción de plantas petroquímicas y proyectos en el rubro pesquero, casi todos en alianza con socios chilenos.

A juicio de Juan Garrido, profesor de la Facultad de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), “la mayor concreción de negocios entre Chile y Perú, en principio, expone a las compañías peruanas a métodos de producción y prácticas empresariales más avanzadas. Esto, debido a que las empresas chilenas han disfrutado de un mayor período de estabilidad macroeconómica, por lo que han podido mejorar sus procesos de negocio a un nivel que no ha sido posible alcanzar por las firmas peruanas. Ello se traduce en una oportunidad, en un entorno más competitivo para las entidades peruanas”.

La posibilidad de resolver problemas históricos

El profesor además enfatiza que “mientras mayor sea la relación comercial entre Perú y Chile, mayor será la alineación de intereses entre ambas naciones, lo que posibilitará resolver problemas históricos que hoy limitan el aprovechamiento de oportunidades de cooperación, incluso en esferas no económicas”.

En cambio, Leonardo Liberman, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez (UAI) de Chile, va aún más lejos y califica la fusión entre el Grupo Brescia y la chilena Lafarge, como una señal de integración económica regional. “La incursión del conglomerado peruano en Chile es un signo de que la región latinoamericana se apronta a entrar en una fase de integración económica y comercial sin precedentes, acompañada de una serie de inversiones extranjeras directas, desde la región a la misma región. Casi toda la información de mercado apunta a que esta integración comenzará en la próxima década y se caracterizará por una franca expansión de las compañías latinoamericanas en el continente, a través de adquisiciones, fusiones, alianzas y joint ventures”, detalla el académico.

Distinta es la opinión de Beatrice Avolio, profesora del Centro de Negocios de la Pontificia Universidad Católica del Perú, quien se refiere a la operación del Grupo Brescia, como “una excepción a la regla. En el corto plazo no veo a empresarios peruanos ingresando a Chile en negocios de alto perfil y con mayores márgenes de lo que podrían lograr en el Perú. En otras palabras, si los grupos chilenos están creciendo en el Perú, ¿por qué los empresarios peruanos apostarían por un mercado ya maduro como el chileno?”.

Por su parte, José Noguera, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), describe el positivo impacto de la adquisición de Brescia para la industria del cemento, tanto en Chile como en Perú. “Es esperable una mayor integración vertical entre ambos países, especialmente en el mercado del cemento y en aquellos sectores que utilizan el cemento como insumo en sus procesos productivos. Servicios tales como consultoría, contabilidad, publicidad y mercadeo también se verán favorecidos, especialmente en Perú. De igual forma, es probable que aumenten las exportaciones chilenas de cemento hacia ese país”.

Más de 10 años de negocios entre Perú y Chile

Gonzalo Jiménez, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez, en Chile, explica quelos negocios entre Perú y Chile no son un fenómeno nuevo, y de hecho, se vienen dando con fuerza hace más de 10 años. “Hace mucho tiempo que Chile exporta su modelo de retail al Perú y éste transmite sus experiencias en minería; Perú exporta su destacada gastronomía a Chile y éste envía sus productos industriales con tecnología más sofisticada. Son varias las empresas chilenas que han ido a explorar nuevas oportunidades en Perú”.

“Lo anterior se debe principalmente a que hoy el mercado peruano tiene un mayor potencial de crecimiento respecto de Chile”, argumenta la profesora Avolio, “lo que convierte a Perú en un destino más atractivo para las inversiones empresariales de Chile y de otros países del mundo”.

En este sentido, el profesor Garrido aporta que “Chile es un mercado más pequeño, cuya ubicación geográfica está relativamente alejada de los grandes flujos económicos globales, por lo que existe un límite a la expansión en el mercado interno. Sólo la internacionalización posibilitará a las compañías chilenas alcanzar mayores niveles de crecimiento”.

“Así, hoy es posible ver en Perú varias tiendas chilenas por departamento como Falabella y Ripley, Farmacias Ahumada, Casa & Ideas, Homecenter Sodimac e Easy –artículos para el hogar y la construcción-, entre otras”, ejemplifica el profesor Jiménez. En contraste, la inversión peruana en Chile es bastante menor, asevera el profesor Noguera.

No obstante, Jiménez se apronta a aclarar que “los capitales peruanos en Chile provienen de los conglomerados empresariales que dominan las familias de los Romero, que han invertido en la banca chilena y los Wiese, que cuentan con una importante participación en la industria chilena del retail. Tampoco podemos olvidar a los empresarios gastronómicos Gastón Acurio y Emilio Pescheira, que han incursionado con éxito en Chile”.

Los fracasos comerciales entre ambos países

Pese a estos 10 años de exitosa relación empresarial entre Perú y Chile, “han habido episodios muy lamentables en la relación comercial entre ambos países”, repara el profesor Garrido. “Está el caso de Aero Continente –firma aerocomercial peruana que operó en Chile entre 1999 y 2001-, que tuvo que enfrentar acusaciones judiciales de lavado de dinero para el narcotráfico, tanto en Perú y en Chile, como en Estados Unidos. También hay que mencionar a la empresa chilena de alimentos Luchetti, que fue acusada en Perú de corrupción”.

En 2005 Luchetti fue acusada de tráfico de influencias, luego de que la compañía solicitara “favores” a representantes del poder judicial peruano, para construir una planta en una zona del país considerada ecológicamente protegida.

Sin embargo, el profesor Jiménez rescata que, “lo novedoso en el caso del Grupo Brescia, es que rompe con la tendencia que se venía dando el último tiempo en la dinámica comercial entre ambas naciones, donde la mayoría de las inversiones se han materializado desde Chile hacia Perú”.

Similar es la visión de Jorge Torres, profesor del Centro de Negocios de la Pontificia Universidad Católica del Perú, quien plantea que “hasta hace poco los negocios entre Chile y Perú se resumían a la incursión de capitales chilenos en el mercado peruano. Uno de los ejemplos más emblemáticos fue la compra de supermercados Wong del Perú por parte de la chilena Cencosud -operación avaluada en 500 millones de dólares y que se concretó en diciembre del 2007-. Sólo ahora se reinauguran las inversiones peruanas en Chile, a través de los Brescia”.

Las temidas barreras políticas

El profesor Jiménez advierte que las temidas barreras políticas podrían constituir un freno a la mayor integración comercial entre ambos países. “El único temor que queda entre los empresarios chilenos es de carácter político. Si bien con el Presidente Alan García al mando, hoy Perú avanza por la estabilidad y el crecimiento económico, existe un miedo mínimo en verdad, de que una nueva y futura administración en Perú, más populista y más cercana a la órbita del primer mandatario de Venezuela, Hugo Chávez, cierre espacios a los empresarios chilenos. En todo caso, según las encuestas en Perú, la posibilidad real de que esto suceda es bajísima”.

El profesor Noguera también apunta al plano político como una importante valla, para el desarrollo comercial entre ambos países. “Incluso, las relaciones diplomáticas entre Perú y Chile se han tensado un poco las últimas semanas, aunque yo no esperaría mayores consecuencias en el ámbito económico. Ello porque los inversionistas ya están acostumbrados a la inquietud, toda vez que se presentan eventos de inestabilidad política. Creo que el resultado de las próximas elecciones presidenciales en Chile -diciembre del 2009- podría incidir sobre esta tendencia”.

Mientras, el profesor Garrido revela que hay profundos obstáculos políticos en el inconsciente colectivo peruano, que están impidiendo el total aprovechamiento de oportunidades de desarrollo económico entre Chile y Perú. “Hay reacciones de tipo chovinista ante la entrada de capitales chilenos en sectores estratégicos de Perú, como por ejemplo puertos y aeropuertos, lo que impide aprovechar todo el potencial de negocios entre ambos países. Este chovinismo proviene en parte de ciertos grupos políticos, que se aprovechan de las heridas de una guerra antigua”, señala refiriéndose a la guerra del Pacífico.

Las vallas administrativas y culturales

La profesora Avolio expone otras barreras de orden administrativo en la concreción de negocios entre ambas naciones. “Los empresarios chilenos que tienen planes de incursionar en el mercado peruano pueden enfrentar además vallas de tipo administrativo, debido al exceso de formalidades que existe en la industria peruana, además de enfrentar una inestabilidad legislativa mayor, comparada con Chile”.

A lo anterior el profesor Liberman suma diferencias culturales que también se presentan como un desafío para las entidades peruanas que planean operar en Chile. “Hay ciertas divergencias culturales, como por ejemplo, en la percepción y el uso del tiempo, siendo la cultura chilena más estricta, con un sentido de urgencia mayor frente a la cultura peruana. Otro aspecto es la diferenciación de roles asociada a géneros, donde en Chile éstos son más balanceados comparado con Perú”.

Pese a las fuertes vallas políticas, administrativas y culturales, Liberman destaca que “este año entró en vigencia el Acuerdo de Libre Comercio entre Perú y Chile, sustituyendo el anterior Acuerdo de Complementación Económica de 1998 que regía a ambos países desde esa fecha”. Este nuevo convenio, añade, “provee un respaldo jurídico a las inversiones provenientes de ambos países y entrega mecanismos de solución expedita a controversias asociadas a las inversiones y el comercio. Dicho marco comercial potenciará el intercambio bilateral, reforzando el flujo recíproco de capitales y la materialización de inversiones extranjeras directas, con importantes beneficios para los empresarios de Perú y Chile”.

Éxitos y Fracasos del Grupo Brescia

Sin duda, lo anterior debería servir de trampolín para la concreción de los objetivos de negocio que ha trazado el Grupo Brescia en Chile, cuyos éxitos en opinión del profesor Torres, “superan largamente sus escasos resbalones. De hecho, Brescia planea la construcción de un gran hotel en pleno centro financiero-comercial del distrito peruano de San Isidro. Además, está gestionando la fusión de Sipesa -su empresa pesquera- con Tasa -su compañía de alimentos-.

“Hay que destacar que el conglomerado Brescia es propietario de 40 diferentes firmas, que operan en varios sectores de la industria peruana, consolidándose como la principal entidad empresarial del Perú”, agrega el académico.

Sin embargo, la profesora Avolio recuerda que en la década de los´80, el negocio Scala -tiendas por departamento- de Brescia no prosperó como lo había planificado inicialmente la compañía y, “conocidos son sus fracasos con su Sociedad Anónima Mercantil de Lima -distribuidora de bienes de consumo- y con su empresa Textil Unión”. Algunas de las causas que propiciaron estos fracasos fueron la alta inflación y la devaluación que caracterizaron a los ‘80”.

En tanto, el profesor Liberman reitera su tesis de que la fusión de Brescia con la chilena Lafarge es el puntapié inicial para la integración económica regional, comentando que este hecho se suma a “la integración de las bolsas de comercio de Chile, Perú y Colombia, prevista para fines del 2010. Ello incrementará los flujos de capital entre estas naciones y la inversión transfronteriza directa en unas 560 empresas”.

http://www.wharton.universia.net

 

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