El gobierno de Javier Milei en Argentina ha desatado una ola de medidas económicas radicales que, según el análisis de Scotiabank, evocan estrategias similares implementadas en el Perú durante la década de 1990. En su reporte semanal, el banco destaca las similitudes entre ambas naciones, que comparten un pasado de hiperinflación.
Ambos países sufrieron períodos de inflación descontrolada: Argentina acumuló un 786,000%, mientras que el Perú experimentó un asombroso 8’700,000% entre 1987 y 1990. En aquel entonces, Argentina adoptó la estrategia del “ancla cambiaria”, fijando el tipo de cambio en una proporción de un peso igual a un dólar. En contraste, el Perú optó por el “ancla monetaria”, limitando la emisión de dinero para controlar la inflación.
Aunque los dos países experimentaron una reducción inicial de la inflación, solo una de estas estrategias resultó sostenible a largo plazo. En las últimas dos décadas, Argentina ha enfrentado una inflación promedio anual del 24%, alcanzando un pronóstico cercano al 200% para este año, reviviendo el fantasma de la hiperinflación de 1991.
En cambio, el Perú mantuvo una inflación promedio anual del 3.2% en el mismo período. La diferencia clave radica en la autonomía del banco central peruano, que sigue una política monetaria moderna basada en metas de inflación, contribuyendo a la estabilidad de su moneda y ganando reconocimiento internacional. Mientras tanto, en Argentina, el banco central está sujeto a las decisiones de los gobiernos de turno.
Medidas contra la hiperinflación: Un enfoque drástico en Argentina
Para hacer frente a la hiperinflación, el presidente Milei ha propuesto una reforma hacia el libre mercado y una reducción significativa del tamaño del sector público, que actualmente representa el 37% del PBI. Las primeras medidas se han centrado en aspectos fiscales.
En un paso audaz, el gobierno redujo el número de ministerios de 18 a 9, disminuyó en un 34% los cargos políticos en la administración pública y aplicó recortes de gasto público. Además, se espera una mayor recaudación equivalente al 2.9% del PBI, que incluye la reducción de subsidios.
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El objetivo declarado del gobierno es lograr un déficit fiscal primario (sin incluir pago de intereses) de cero para el año 2024, buscando así ganar credibilidad en los mercados financieros. El diagnóstico del gobierno identifica la génesis del problema en el ámbito fiscal.
Como parte de estas medidas, se ha anunciado la reducción de subsidios a la electricidad y el transporte. El gobierno declaró una emergencia energética hasta diciembre de 2024 para ajustar las tarifas eléctricas y de gas natural, interviniendo también en los organismos reguladores correspondientes. Además, se convocó a una audiencia pública para fijar las tarifas de transporte el 8 de enero.
El camino elegido por Argentina es audaz y se mantiene en el centro de la atención internacional, generando expectativas sobre su efectividad a largo plazo y su impacto en la economía del país sudamericano.
Recuerdos de la historia peruana
En 1990, el presidente peruano Alberto Fujimori aplicó una política económica radical que cambió drásticamente la vida de los ciudadanos, conocida como el “Fujishock”. A pesar de sus promesas electorales de abordar la inflación sin recurrir a un ‘shock’, su gobierno implementó un paquete de medidas económicas que conmocionó al país.
Once días después de asumir la presidencia, su ministro de Economía y Finanzas, Juan Carlos Hurtado Miller, lanzó el “Fujishock”, revelando un paquete económico que incrementó exponencialmente los precios de productos básicos.

Los resultados fueron impactantes: la leche evaporada subió 2.75 veces, el pan francés 2.8 veces y la azúcar blanca 2 veces. El galón de gasolina aumentó entre el 2600 y el 3200 por ciento. A pesar de la promesa de estabilización, la inflación alcanzó el 7.650% en 1990, según el Banco Central de Reserva del Perú.
Contrariamente a las expectativas, el “Fujishock” no logró resultados inmediatos. La caída del Producto Interno Bruto (PBI) persistió, y la inflación siguió siendo un problema. El mercado laboral también sufrió, con una reducción del consumo del 25% y más de un millón de trabajadores perdiendo sus empleos en Lima. El desempleo y subempleo aumentaron significativamente.
El politólogo José Alejandro Godoy describe el “Fujishock” como una medida de ajuste brutal que transformó la economía peruana, eliminando regulaciones y subsidiando el mercado privado. A pesar de su impacto, la población, atemorizada por la violencia de grupos como Sendero Luminoso y el MRTA, no salió en masa a protestar.
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