La ciudad de Lima experimentó un paro de transportistas debido a la creciente inseguridad ciudadana, un fenómeno que recientemente resultó en la muerte de tres choferes, lo que representa una tragedia incalculable. Esta situación no solo afectó a los transportistas, sino que también obstaculizó la llegada puntual de muchos trabajadores de otros sectores a sus lugares de trabajo, quienes enfrentaron retrasos y costos adicionales.
De acuerdo con un estudio del Banco Central de Reserva (BCR), el crimen tiene una relación significativa con la economía, tanto de forma directa como indirecta. La autoridad monetaria destaca que los costos directos incluyen la pérdida de recursos y producción derivada de delitos como robos y asesinatos, así como los gastos en seguridad, tanto pública como privada.
Los costos indirectos se manifiestan en una disminución de las oportunidades laborales, un debilitamiento institucional y el fomento de la corrupción. El BCR sostiene que la relación entre delincuencia y crecimiento económico es bidireccional; mientras que el crimen reduce los incentivos para invertir y distorsiona el consumo, el crecimiento económico puede, a su vez, reducir estos incentivos al crear más oportunidades legítimas.
Costos anuales de la inseguridad y sus consecuencias sobre el consumo
Siguiendo la metodología del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el BCR estima que la inseguridad ciudadana le cuesta al país al menos un 2.2% del PBI cada año. Esta cifra refleja únicamente los gastos de seguridad de las empresas formales (1.5% del producto) y los costos gubernamentales en la administración de justicia y servicios policiales (aproximadamente 0.7% del PBI).
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Sin embargo, esta evaluación no incluye los costos indirectos asociados con la pérdida de ingresos de las personas debido a la victimización. La delincuencia impacta el consumo, llevando a las personas a ajustar sus decisiones de gasto, como reducir la compra de bienes visibles y aumentar la inversión en seguridad privada. Este comportamiento, a su vez, agrava los efectos adversos de la inseguridad en la economía.
La resolución de estos problemas podría mejorar de manera incalculable el bienestar social. El BCR sugiere que si Perú lograra reducir su tasa de homicidios del actual 8 por cada 100,000 habitantes al promedio mundial de 5, podría señalar un aumento en la tasa de crecimiento potencial del PBI de aproximadamente 0.1 puntos porcentuales.
Además, otras formas de delincuencia, como la extorsión a las mipymes, que representan más del 95% del tejido empresarial, también producen efectos adversos significativos en el producto nacional.
“Hay factores que jalan hacia abajo el crecimiento, son factores negativos. Cuando hay inseguridad en diferentes sectores, ¿quién quiere invertir? La extorsión es lo peor. En una ciudad han bajado los asesinatos, pero parece que es porque todos están pagando el cupo. La situación es grave y hay que corregirlo”, dijo al iniciar.
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