El encarecimiento del petróleo a nivel internacional vuelve a generar atención sobre la economía peruana en un contexto de tensión geopolítica. Los ataques de Estados Unidos a Irán y los riesgos en el estrecho de Ormuz han presionado el mercado energético global. Ante ello, el Banco Central de Reserva del Perú proyecta un precio promedio de US$ 83 por barril (WTI) para este año. Este nivel supera los US$ 65 registrados durante el 2025.
Para el Perú, el impacto resulta relevante debido a su condición de importador neto de crudo. El alza no solo incrementa el costo de compra del petróleo. También se traslada a distintos bienes y servicios vinculados a este insumo. En ese sentido, el efecto abarca más sectores que el energético. Por ello, el análisis incluye su repercusión en la economía en general.
Impacto del petróleo en la economía local
El aumento del petróleo suele reflejarse en combustibles y transporte, aunque su impacto va más allá de estos rubros. El presidente del BCRP, Julio Velarde, advirtió que la situación alcanza a otras industrias. “No solo es [el alza] del petróleo como tal. Esta situación va a afectar a plásticos, fertilizantes y urea”, explicó. Este punto es relevante porque el país también importa fertilizantes.
El encarecimiento del crudo también influye en los precios de los commodities agrícolas. Velarde señaló que el uso de maíz para producir etanol podría incrementarse, reduciendo su disponibilidad. “Si el petróleo se mantiene alto, los commodities, como los granos, costarían más. Se podría usar más maíz para [producir] etanol (alternativa al petróleo) y este alimento se elevaría; como consecuencia, [subiría] el precio del pollo”. Este efecto repercute en alimentos de consumo masivo.
En el mercado local, el precio del pollo ya muestra variaciones recientes. En la última semana, el kilogramo alcanzó los S/ 12.95 en mercados minoristas de Lima Metropolitana. Este comportamiento se relaciona con el costo del maíz amarillo duro y la soya. Ambos insumos son esenciales para la alimentación avícola. Su dependencia de importaciones influye en el precio final.
Presión sobre alimentos e inflación
El aumento de los alimentos impacta con mayor intensidad en economías como la peruana. Velarde explicó que este tipo de variaciones afecta más a países en desarrollo. “El incremento en commodities afecta más a Perú que a países desarrollados. Y eso es simplemente porque somos pobres […] Con estos precios [de commodities] tiende a haber una inflación mayor de alimentos. Y, porque también somos un país pobre, los alimentos pesan mucho más en la canasta del consumidor”, manifestó.
Pese a ello, el titular del BCRP indicó que el escenario actual aún se mantiene manejable. Señaló que, por el momento, no se prevé una situación crítica en el corto plazo. “es un escenario benigno”, afirmó al referirse al contexto reciente. No obstante, indicó que se debe seguir la evolución del entorno internacional.
A estos factores se suma un elemento interno vinculado al gas natural. La rotura del ducto de Camisea redujo el acceso y elevó los precios del GNV y GLP. Este evento se combina con el contexto internacional. Ambos factores presionan la inflación durante marzo. Su efecto se refleja en distintos precios de la economía.
Proyecciones de inflación y factores adicionales
El BCRP prevé que la inflación anual se ubique cerca del límite superior del rango meta. “En marzo vamos a tener el impacto del gas y del combustible por los ataques de Estados Unidos a Irán […] La inflación anual estaría alrededor del tope superior del rango meta [3%, en marzo]. Pero, como es temporal, esperemos que se vaya revirtiendo a lo largo del año”, apuntó Velarde. De concretarse, sería un nivel cercano al de marzo de 2024 (3.05%).
A mediano plazo, el ente emisor proyecta una moderación de la inflación. Se estima una tasa de 2.4% para 2026 y de 2.0% para 2027. Estas proyecciones reflejan una trayectoria de estabilidad progresiva. Su cumplimiento dependerá del comportamiento de factores externos e internos. En particular, de los precios internacionales.
El BCRP anticipa que la inflación se mantendrá en el tramo superior del rango meta en los próximos meses. Este comportamiento responderá al alza de alimentos por factores climáticos. También al incremento en los combustibles. Luego, se espera una convergencia gradual hacia el centro del rango objetivo de 2%. Este proceso dependerá de la disipación de los choques actuales.












