La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) confirmó su proyección de crecimiento para la economía peruana, manteniéndola en un 3% para el 2026. Esta cifra es la misma que el organismo regional había previsto previamente en su informe de octubre. No obstante, la Cepal advierte que la economía de América Latina y el Caribe continúa inmersa en una dinámica de bajo crecimiento.
Esta situación de bajo dinamismo se proyecta para que se mantenga en 2026, según las perspectivas del Balance Preliminar de las Economías de la región. El organismo señaló que el consumo privado y la demanda externa, los principales motores que impulsan la actividad económica, perderían fuerza durante este periodo. Las proyecciones generales indican una cautela sostenida en las economías regionales.
De acuerdo con las estimaciones de la Cepal, el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) regional fue de 2,3% en 2024. Para este 2025 se proyecta que el PBI aumentará ligeramente a 2,4%, y posteriormente se moderará nuevamente a 2,3% en 2026. Estas cifras generales para la región de América Latina y el Caribe se mantienen en el mismo nivel que las proyecciones que fueron difundidas por el organismo en octubre de 2025.
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En el caso específico de América del Sur, se anticipa una expansión del 2,9% en 2025, lo que representa un incremento de 0,5 puntos porcentuales comparado con 2024. Este repunte subregional se explica principalmente por la recuperación esperada de economías como Argentina, Bolivia y Ecuador, que el año previo habían registrado contracciones. Sin embargo, para 2026, se proyecta que el crecimiento de la subregión se desaceleraría hasta alcanzar un 2,4%.
Factores de moderación en la subregión
La Cepal precisó que la moderación esperada en el crecimiento de América del Sur para 2026 está asociada a diversos factores. Uno de los más relevantes es la menor expansión prevista en Brasil, que es una de las economías más grandes de la subregión. Allí se espera que la política monetaria continúe siendo restrictiva o contractiva, y que el impulso fiscal se vea más limitado.
En este contexto, se proyecta que en Argentina la expansión sea menor a la registrada en 2025, en un marco de normalización del ciclo económico, aunque aún por encima del promedio regional. Por su parte, Colombia registraría en 2026 un crecimiento ligeramente mayor al de 2025, lo que estaría respaldado por una sólida demanda interna.
Finalmente, Bolivia y Uruguay mostrarían tasas de crecimiento similares a las del presente año, mientras que en el resto de los países sudamericanos se prevé una desaceleración del crecimiento económico. Estos humos subrayan la necesidad de políticas que fortalezcan la estabilidad macroeconómica y la resiliencia ante shocks externos.












