En cada proceso electoral, el debate económico se limita con frecuencia a una discusión de carácter ideológico entre izquierda, derecha o centro. No obstante, el análisis debería concentrarse en la capacidad de generar crecimiento, empleo formal, inversión y sostenibilidad fiscal. Dentro de ese marco, el comercio exterior se posiciona como un eje estructural que no debe relegarse a un plano secundario.
Las exportaciones del Perú en 2025 alcanzaron más de US$ 90 mil millones y registraron un récord histórico, lo que equivale a más del 25 % del PBI, de acuerdo con el BCRP. Asimismo, el país mantiene una red de más de 20 Tratados de Libre Comercio, que le otorgan acceso preferencial a economías que concentran más del 80 % del PBI global.
Acceso comercial internacional
El Perú dispone de acceso a los principales mercados del mundo, pero aún mantiene una base exportadora reducida y altamente concentrada. Según datos del MINCETUR, más del 70 % de las exportaciones proviene de productos tradicionales, con predominancia del sector minero. En la práctica, el país ha abierto mercados, aunque un número limitado de actores logra aprovecharlos.
Las micro y pequeñas empresas, que representan más del 95 % del tejido empresarial, participan de manera marginal en el comercio exterior. Estas unidades productivas no enfrentan una falta de oportunidades, sino brechas en calidad, certificaciones, logística, inteligencia comercial, marketing, financiamiento y gestión exportadora.
El problema de fondo radica en que el comercio exterior se ha abordado principalmente como una aspiración de política pública y no como un sistema de gestión articulado. Aunque se promueve la expansión de exportaciones, la diversificación de mercados o el fortalecimiento de la oferta exportable, rara vez se traducen estos objetivos en procesos concretos, indicadores claros e instituciones funcionales. En la actualidad, el Perú cuenta con acuerdos comerciales, pero aún no desarrolla plenamente herramientas como la inteligencia comercial aplicada.
Brechas en gestión exportadora
El país debe transitar de exportar más a exportar mejor, lo que exige un cambio de enfoque estructural. Esto implica pasar de una lógica centrada en el volumen hacia una basada en el valor, así como evolucionar de productos básicos a bienes diferenciados con mayor sofisticación.
Casos como el de la agroindustria evidencian este proceso. El Perú se ha consolidado como líder mundial en la exportación de arándanos y uvas, según el MIDAGRI, no únicamente por su capacidad productiva, sino también por la adopción de estándares internacionales, tecnología aplicada y acceso estratégico a mercados.
El comercio exterior debe gestionarse como una estrategia nacional sin sesgos políticos, orientada a generar resultados económicos sostenibles. Para ello, se requiere una arquitectura de ejecución que incluya sistemas de inteligencia de mercados accesibles para los empresarios, reducción de sobrecostos logísticos —que en el Perú pueden alcanzar hasta el 30 % del valor del producto, según el BID— y programas de desarrollo exportador centrados en capacidades y no solo en promoción.
Estrategia país y competitividad
La promoción comercial resulta importante, pero representa únicamente la parte visible del proceso. Es necesario construir una ruta exportadora basada en el fortalecimiento de capacidades en estrategia, marketing, gestión empresarial y acceso a certificaciones internacionales.
En este punto, la marca país adquiere un rol clave, ya que la competitividad externa se define desde la gestión interna de cada empresa, no desde el momento en que el producto llega a la aduana. En el actual contexto electoral, el comercio exterior no debería tratarse como un capítulo adicional dentro de los planes de gobierno, sino como un eje estratégico central.
En un entorno global donde los países compiten por inversión, mercados y reputación, exportar implica más que vender al exterior: representa la capacidad de producir con calidad, cumplir estándares internacionales, construir marcas sólidas y sostener confianza. En ese escenario de competencia internacional, la diferencia no la determinan los discursos políticos, sino la calidad de la gestión pública y privada orientada al desarrollo exportador.












