La industria global de la moda registró fuertes pérdidas el pasado miércoles, tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la imposición de los aranceles más altos en casi un siglo. La medida desató un clima de incertidumbre en los mercados, reflejado en caídas generalizadas que afectaron a numerosas empresas del sector, cuyas proyecciones de precios finales podrían verse negativamente impactadas.
Grandes empresas como Nike, GAP e Inditex han sentido la presión de estos nuevos aranceles. En particular, marcas de ropa y calzado deportivo como GAP y Nike enfrentan un desafío considerable debido a los aranceles recíprocos impuestos por el gobierno estadounidense, que afectan a productos importados desde países clave en la producción textil, como Vietnam, Camboya, Indonesia y Bangladesh.
Nike, uno de los líderes globales en su sector, experimentó una caída del 15% en su valor de acciones en un solo día, lo que refleja la magnitud del impacto de los aranceles en su operación y el ambiente competitivo. La compañía se encuentra ante el reto de adaptarse a un entorno marcado por tensiones arancelarias y un consumidor cada vez más inclinado a explorar alternativas en otras marcas.
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Las acciones de Inditex, propietaria de reconocidas etiquetas como Zara, Bershka y Massimo Dutti, también sufrieron. Desde el inicio de la jornada bursátil, sus acciones mostraron una notable disminución, atribuida a su considerable exposición al mercado estadounidense.
El jueves, Inditex registró una caída del 1,93% en el valor de sus acciones, que pasaron de 46,40 euros al cierre del día anterior a 45,50 euros (49,77 dólares) en la apertura de la sesión del 3 de abril. Actualmente, su valor se mantiene a la baja, alcanzando 45,35 euros (49,60 dólares), lo que representa una disminución del 2,26% en comparación con el cierre del miércoles 2 de abril.
¿Qué retos enfrentan las marcas de moda ante los nuevos aranceles?
El analista Jeremy Bowman, del medio The Motley Fool, señala que las marcas se encuentran en una difícil encrucijada: deben decidir si absorben los costos adicionales derivados de los recientes aranceles, lo que podría afectar negativamente sus márgenes de ganancia, o si trasladan estos costos a los consumidores, lo que resultaría en un aumento de los precios de sus productos.
Los aranceles recíprocos representan un mecanismo diseñado para abordar el déficit comercial de Estados Unidos con ciertos países y se establecen con el objetivo de reducir esta disparidad, según un informe publicado en El Economista. Bajo estas nuevas tarifas, Vietnam se enfrenta a un arancel del 46%, Camboya a un 49%, Sri Lanka a un 44% y Bangladesh a un 37%. Por su parte, China e Indonesia tienen que lidiar con cargas del 34% y 32%, respectivamente.
La Asociación Americana de Ropa y Calzado (AAFA) ha expresado su preocupación por las repercusiones de estos aranceles en los 3.5 millones de estadounidenses que trabajan en la industria. Asimismo, ha destacado que el 97% de las importaciones textiles en EE. UU. provienen de Asia, lo que acentúa la vulnerabilidad del sector frente a estas políticas comerciales.
Las empresas se encuentran sumidas en una situación de incertidumbre, atrapadas en lo que se ha descrito como un “juego de espera” debido a la falta de claridad en cuanto al impacto final de los aranceles. Además, la opción de trasladar la producción a Estados Unidos se presenta como poco viable, ya que los costos de fabricación en el país son considerablemente más altos, como ha señalado Sanjeev Bahl, CEO de Saitex.
La moda busca nuevas rutas de producción
Frente al impacto de los nuevos aranceles, algunas empresas evalúan trasladar parte de su producción a países con menores tarifas aduaneras. Sin embargo, estos destinos aún no cuentan con la capacidad necesaria para atender la elevada demanda del mercado estadounidense.
Nike, por ejemplo, confía en Vietnam, China e Indonesia para aproximadamente el 95% de su producción de calzado. Por otro lado, empresas como Gap y Nike dependen en gran medida de Vietnam y Camboya para sus necesidades textiles. Esta dependencia subraya los retos que enfrentan estas marcas en un entorno de mercado cada vez más complicado.
Ante el contexto de los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump, Inditex ha delineado varias estrategias para mitigar el impacto de estos costos en su producción. Inditex ha desarrollado una política de producción en proximidad, acercando parte de su fabricación a países como España, Portugal, Marruecos y Turquía.
Esta estrategia no solo permite reducir los costos de transporte y acortar los tiempos de entrega, sino que también proporciona a la empresa una ventaja competitiva significativa frente a operadores que dependen de naciones más distantes como China, Bangladesh, Vietnam, India o México. La ubicación geográfica de sus fábricas en estos países cercanos a Europa facilitará al grupo mantener su competitividad en un escenario de aumento de aranceles.
El consejero delegado de Inditex, Óscar García Maceiras, ha enfatizado la importancia de la diversificación en los orígenes de fabricación, los mercados de venta y los canales de distribución. Este amplio abanico de operaciones permite a la empresa adaptarse a distintos regímenes tarifarios, lo que reduce el riesgo asociado a una dependencia excesiva de un único mercado o país. Al tener varias “bases” de operación, Inditex puede navegar mejor en un entorno comercial volátil.












