El fabricante peruano de bebidas Grupo AJE, conocido por su marca Big Cola, ha puesto el foco en Venezuela para reactivar su expansión regional. La empresa busca capitalizar las señales de recuperación económica y el nuevo entorno político en el país. Esta estrategia surge tras la salida de Nicolás Maduro del poder en enero de 2026. Según la compañía, el mercado venezolano muestra indicios de recomposición.
La firma, liderada por la familia Añaños, mantiene operaciones en Venezuela desde 1999, donde fue su primera incursión internacional. El grupo confía en retomar el crecimiento sostenido tras años de inestabilidad política. En ese contexto, la empresa describe su posición como la de un actor que espera el reinicio del mercado. “Somos sobrevivientes, somos como un oso hibernando hace años, esperando que se vaya Maduro, y se fue”, señaló Augusto Bauer, gerente general adjunto de la firma.
En declaraciones a Bloomberg, el representante de AJE explicó que la compañía peruana aún ve con cautela la recuperación del país. “Estamos esperando a ver cómo el mercado se va recomponiendo. Pero yo sí creo que va a tomar un tiempo”, afirmó el ejecutivo. La empresa considera que el proceso será gradual, pese a las expectativas de mejora en el entorno económico venezolano.
Retos operativos de AJE Group en Venezuela
Actualmente, la planta de AJE ubicada en Valencia, Venezuela, enfrenta serias complicaciones operativas debido a las restricciones vigentes. La falta de acceso a divisas y las dificultades para importar insumos críticos, como el plástico para las botellas, continúan siendo obstáculos relevantes. A ello se suma la limitada disponibilidad de proveedores en el mercado interno. Debido a estos factores, la instalación opera apenas entre el 5% y 10% de su capacidad total.
A los desafíos estructurales internos de Venezuela se suma la presión externa derivada del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Esta tensión geopolítica amenaza con elevar los costos de transporte y de las materias primas vinculadas al petróleo a nivel global. El impacto se refleja directamente en la estructura de costos de la industria de bebidas. Para Big Cola, esto complica aún más el panorama para asegurar el suministro estable de los insumos necesarios para producir.
Hasta el momento, la empresa ha optado por absorber los costos adicionales sin trasladar el incremento al precio final del consumidor. La decisión responde a la alta incertidumbre sobre la duración del conflicto y su impacto en el mercado internacional. “No sabemos cuánto va a durar la guerra tampoco. Entonces tú no puedes decir voy a subir precios, si no sabes si eso se va a quedar o va a regresar”, señaló Bauer sobre la coyuntura global.
Diversificación del modelo de negocio
Frente a este entorno volátil, la familia Añaños ha comenzado a reconfigurar su estrategia comercial con el objetivo de asegurar la sostenibilidad del negocio. Además de esperar una mejora en las condiciones del mercado venezolano, la compañía impulsa una mayor diversificación de su portafolio. El foco está puesto en el desarrollo de bebidas más saludables, como jugos naturales y productos sin azúcar.
Para AJE, que opera en más de 20 mercados en Latinoamérica, Asia y África, la resiliencia se ha convertido en el eje central de su modelo de negocio. La meta de largo plazo sigue siendo competir directamente con gigantes globales de la industria como Coca-Cola y Pepsi. La empresa apuesta por su capacidad de adaptación en economías complejas para consolidar su posición. Con ello, busca volver a liderar el crecimiento regional en el sector de bebidas.
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