Latinoamérica se encuentra ante una oportunidad histórica para transformar su economía mediante la inversión en sectores de alta productividad. Según el reciente informe de McKinsey & Company, la región podría añadir entre 1.1 y 2.3 billones de dólares a su PBI para el año 2040. De lograrse este impulso, los países latinoamericanos tendrían la capacidad suficiente para alcanzar el estatus de economías de altos ingresos.
El principal obstáculo identificado es la baja productividad histórica, que solo aportó 0,8 puntos porcentuales al crecimiento regional entre 1997 y 2022. Esta cifra representa apenas la mitad de lo logrado por economías pares en el mismo periodo evaluado. Si no se revierte esta tendencia, la participación regional en el PBI global caería del 6% actual a solo un 4,2%.
La tecnología actúa como uno de los motores fundamentales para cerrar brechas de eficiencia en servicios, finanzas y agroindustria. El informe de McKinsey & Company destaca que el sector de servicios digitales podría aportar hasta 255 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales. Argentina, Brasil y México lideran en tecnología, mientras Colombia, Costa Rica y Uruguay destacan como hubs estratégicos.
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En cuanto a los centros de datos, se estima un potencial de 30 mil millones de dólares extra al año para toda la región. Brasil y México se posicionan como los polos principales gracias a su infraestructura existente y acceso a energía. Otros países como Chile, Colombia y Uruguay ganan relevancia debido a su estabilidad regulatoria y uso de energías renovables.
Los 4 aceleradores estratégicos para el crecimiento
El estudio de McKinsey propone implementar cuatro aceleradores estratégicos fundamentales para habilitar el crecimiento en toda la economía regional. Estas medidas buscan optimizar la competitividad y atraer capital extranjero en industrias que hoy son consideradas complejas y dinámicas. Estos pilares son esenciales para evitar el riesgo latente de que la región termine por “envejecer antes de enriquecerse”.
Los dos primeros aceleradores se enfocan en el comercio y la diversificación, creando corredores hacia Asia y la integración regional de suministros. Actualmente, las exportaciones intrarregionales representan solo el 15%, por lo que es vital fortalecer la infraestructura física y los marcos regulatorios. Estas acciones permitirían estimular cadenas de valor más integradas, especialmente en los sectores de manufactura avanzada y energía.
La modernización regulatoria y el desarrollo de talento completan la lista de aceleradores necesarios para transformar el panorama económico regional. Es imperativo simplificar procesos de permisos y mejorar la gobernanza para atraer inversión en áreas como los minerales críticos. Asimismo, alinear la educación técnica con las demandas del mercado cerrará las brechas en habilidades de tecnología digital y automatización.
Finalmente, el informe de McKinsey destacan que capitalizar estas ventajas en sectores como la manufactura de próxima generación y el agro impulsará el desarrollo. El éxito de este ambicioso proyecto depende de la colaboración estrecha entre los gobiernos, la academia y las empresas privadas. De mantenerse la tendencia actual de baja productividad, la región enfrentará serios desafíos para mantener su relevancia en el mercado internacional.












