La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cerró este viernes en Montevideo el acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y los países de Mercosur, un pacto que llevaba 25 años en negociación. A pesar de la firme oposición de Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, advirtió el día anterior que el acuerdo en su forma actual era “inaceptable”, la Unión Europea avanzó y logró concretarlo.
“No sólo es una oportunidad económica, es también una necesidad política”, ha destacado la jefa del Ejecutivo comunitario, en una comparecencia sin preguntas junto al presidente de turno de Mercosur y mandatario de Uruguay, Luis Lacalle Pou, para anunciar el acuerdo que ya avanzaron la víspera los ministros de Exteriores del Mercosur con el comisario de Comercio, Maros Sefcovic.
“Estamos derribando barreras y permitiendo que entren inversiones, formando un mercado de más de 700 millones de consumidores”, ha celebrado Von der Leyen, quien ha celebrado el “verdadero hito histórico” de un acuerdo entre las dos regiones.
Beneficios económicos para la UE y Mercosur
Según las estimaciones de la UE, este nuevo marco permitirá a las empresas europeas un ahorro de aproximadamente 4.000 millones de euros (US$ 4.218 millones) anuales en aranceles. En tanto, el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, destacó la relevancia de mejorar una relación que en las últimas dos décadas no había generado confianza, señalando que este acuerdo va más allá de un simple pacto comercial.
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A la espera de declaraciones más concretas por parte de los demás líderes, Lacalle Pou mencionó que Santiago Peña, presidente de Paraguay, expresó su entusiasmo a pesar de su insatisfacción; mientras que el presidente de Brasil Lula da Silva lo calificó como un “día histórico” y el mandatario Javier Milei subrayó la “trascendencia e importancia” del acuerdo.
El convenio contempla la eliminación progresiva del 91% de los aranceles sobre los productos europeos que ingresan al Mercosur, lo que impactará en sectores agroalimentarios clave para España, como el aceite de oliva, el vino, las frutas y los productos porcinos. A cambio, la Unión Europea también liberalizará gran parte del acceso a su mercado, aunque mantendrá contingentes arancelarios para proteger productos especialmente sensibles.
Largo proceso para su ratificación
Poco antes de que se confirmara el acuerdo tras más de dos décadas de negociaciones, el portavoz comunitario en materia comercial, Olof Gill, avisaba en una rueda de prensa desde Bruselas de que el acuerdo no se podía dar por firmado, porque lo ocurrido en Montevideo, en los márgenes de la cumbre de Mercosur, es un acuerdo político sobre los textos negociados a nivel técnico.
“El acuerdo político es sólo el primer paso de un largo proceso, sólo es el inicio”, ha indicado, en referencia a que ahora se inicia un largo proceso que arrancará por el examen legal de los textos por parte de los servicios jurídicos del Ejecutivo comunitario y su traducción a todas las lenguas oficiales de la UE. Sólo entonces, Bruselas dará a conocer cuál es la base legal que propondrá para su ratificación tanto en el Consejo como en el Parlamento Europeo.
El acuerdo entre negociadores todavía requiere un proceso de ratificación que, del lado europeo, será largo. Es probable que la Comisión Europea opte por segmentar el Tratado, permitiendo que la parte comercial se apruebe por mayoría cualificada entre los Veintisiete. Esto evitaría que Francia pueda vetarlo, siempre que no logre apoyo suficiente para formar una minoría de bloqueo.
Además, aunque el Parlamento Europeo deberá ratificarlo, se esquivaría la ratificación en los 27 parlamentos nacionales si se confirma que el componente comercial será tratado por separado.
Voces en contra
La Unión Europea y Mercosur alcanzaron un principio de acuerdo en 2019, pero durante el proceso de ratificación, se encontraron con las reservas de países como Francia e Irlanda, que demandaron salvaguardias medioambientales más robustas y cláusulas espejo para prevenir desventajas para los agricultores europeos.
Estas exigencias son objeto de negociación en una declaración adjunta que complementará el Tratado previamente acordado. Según fuentes comunitarias, esta declaración incluye una cláusula que permitirá suspender parcial o totalmente el acuerdo si alguna de las partes se desvía de los compromisos establecidos en el Acuerdo de París sobre cambio climático.
Hasta el momento, Francia ha expresado un rechazo categórico al nuevo acuerdo, a pesar de las disposiciones adicionales negociadas. Otros países como Polonia, Irlanda, Países Bajos y Austria también han manifestado reservas, destacando la necesidad de medidas complementarias para mitigar el impacto en sus sectores estratégicos.
En la reciente reunión de ministros de Comercio de la UE, celebrada la semana pasada, diversas fuentes consultadas por Europa Press indicaron que, en el actual contexto, Francia no cuenta con el respaldo suficiente para constituir una minoría de bloqueo. Sin embargo, podría lograrlo si convence a Italia, que aún se muestra indecisa respecto a su postura.












