El nuevo terminal del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, operado por Lima Airport Partners (LAP), está programado para inaugurarse el próximo 18 de diciembre. Sin embargo, la Superintendencia Nacional de Migraciones ha emitido una seria advertencia sobre la posible crisis que podría enfrentar el terminal aéreo debido a la significativa reducción del espacio asignado a los procesos de embarque y desembarque de pasajeros
La situación más crítica se presenta en el área destinada a las salidas internacionales. Según un informe de Migraciones revelado por el medio La Contra, LAP ha reducido el espacio disponible para los inspectores de migraciones en un 40%, pasando de 805.98 m2 a 509.15 m2. A pesar de que el número de inspectores aumentará de 15 a 21, los módulos de atención en línea se mantendrán en la misma cantidad, lo cual podría derivar en un “cuello de botella” insalvable, con un alto riesgo de congestión y aglomeración.
Para la entidad, el espacio ideal para un servicio eficiente debería ser de más de 1450 m2. En el caso del recinto de llegadas internacionales, también se evidencia una reducción del 20%, pasando de 1516 m2 a 1306 m2, y donde debería haber más de 1900 m2.
Estas reducciones espaciales podrían resultar en un servicio deficiente, incapaz de atender adecuadamente a todos los pasajeros, especialmente considerando que el nuevo terminal tiene una capacidad proyectada para 30 millones de pasajeros anualmente, con una expectativa de aumento a 40 millones desde 2026.
A pesar de las reiteradas comunicaciones entre Migraciones y LAP, en las que la entidad propuso al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) realizar una adenda para obtener más espacio, LAP ha manifestado formalmente que los espacios ya están definidos desde enero de 2022 y no se pueden realizar cambios debido al avance de más del 85% en las obras.
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Esfuerzos de Migraciones para el nuevo Jorge Chávez
Pese a la alerta de Migraciones, es válido anotar que la entidad anunció en marzo la adquisición de 18 e-gates y 20 quioscos digitales de enrolamiento y reconocimiento facial.
Estos equipos, comprados a través de un proceso gestionado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y financiados con una transferencia de más de S/ 30 millones autorizada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), están diseñados para agilizar los controles migratorios mediante tecnologías de identificación biométrica y mejorar la interoperabilidad en línea con entidades clave para verificar alertas nacionales e internacionales.
Las e-gates permitirán un control migratorio automatizado que agilizará el flujo de pasajeros, mientras que los quioscos electrónicos facilitarán el registro de pasajeros extranjeros para el uso de las e-gates. Aunque estos equipos contribuirán a mitigar parcialmente el riesgo de congestión, la reducción de las dimensiones de los recintos de control migratorio sigue siendo una preocupación significativa.
Advertencias sobre el moderno terminal
La Asociación de Empresas de Transporte Aéreo Internacional (AETAI) y otras instituciones del sector aeronáutico y turístico han manifestado su deseo de aplazar la inauguración del nuevo terminal hasta enero. Esta petición surge tras problemas recientes con la infraestructura actual, como el apagón de la pista de aterrizaje que afectó a más de 120 vuelos durante 10 horas.
Además, el sector resalta que inaugurar en plena campaña de Navidad y Año Nuevo, cuando el tráfico aéreo es más intenso, podría generar un estrés absoluto en el movimiento de pasajeros.
La advertencia de Migraciones subraya la necesidad de una gestión eficaz y eficiente en el nuevo terminal, especialmente cuando se espera que el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez se convierta en un hub aeroportuario clave en Sudamérica. El potencial colapso en los procesos de embarque y desembarque no solo afectaría a los pasajeros, sino que también podría tener repercusiones negativas en la imagen del aeropuerto y en la capacidad del Perú para manejar grandes volúmenes de tráfico aéreo internacional.












