El vínculo entre empresarios y política vuelve a mostrar sus efectos adversos en los resultados financieros. Tesla reportó una caída del 71% en su beneficio neto en el primer trimestre de 2025, lo que representa pérdidas por US$ 991 millones. Las posturas ideológicas de Elon Musk, su presidente, han sido señaladas entre los principales factores que dañaron la reputación de la compañía.
En su balance trimestral, Tesla informó una reducción del 13% en la venta de vehículos, una caída del 9% en ingresos —hasta los US$ 19,335 millones— y una disminución de utilidades de US$ 1,400 millones a US$ 409 millones. El informe incluye una mención al “cambio de sentimiento político” como una de las causas de este desplome.
Los efectos de la afinidad política de Musk con el presidente Donald Trump generaron reacciones adversas en el mercado. Desde inicios del año, las acciones de Tesla perdieron más del 30% de su valor. Las protestas y llamados a boicot escalaron a nivel global, con autos quemados y una fuerte estampida de inversores.
Una señal a los mercados
La presión de los accionistas llevó a Musk a tomar distancia del entorno gubernamental. “Creo que probablemente a partir del próximo mes, mayo, mi tiempo dedicado al DOGE (departamento de eficiencia gubernamental) se reducirá significativamente”, declaró a sus analistas. Ese mismo día, las acciones de Tesla subieron un 5%.
Más adelante, reforzó su decisión con un nuevo anuncio: “A partir del mes que viene, dedicaré mucho más tiempo a Tesla”. Aunque la reacción bursátil fue positiva, no logró compensar las pérdidas acumuladas en lo que va del año.
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El caso Tesla revela cómo las apuestas políticas personales pueden arrastrar a compañías globales a severas crisis reputacionales y financieras. Según el profesor José Luis Bosch, de OBS Business School, “en el caso de Musk, su posición económica le ha permitido jugar un poco más en este terreno y despreciar a sus accionistas”.
Lecciones que ya otros aprendieron
El fenómeno no es nuevo. Howard Schultz, expresidente de Starbucks, también enfrentó consecuencias tras postularse como independiente a la presidencia de EE. UU. en 2020. Su postura centrista generó rechazo entre clientes demócratas, provocando llamados a boicot y una reacción negativa en bolsa.
Adidas, por su parte, sufrió un golpe económico de US$ 500 millones al cancelar su línea de zapatillas con Kanye West. El rapero, que también se postuló a la presidencia en 2020 y apoyó públicamente a Trump, fue desvinculado tras emitir comentarios antisemitas que afectaron gravemente la imagen de la marca.
Bosch explica que, aunque antes se canalizaba el vínculo con la política a través de fundaciones, hoy se observa una mayor exposición directa. “En España, por ejemplo, no hay casos de este tipo y la norma es que las empresas tiendan a retirarse del foco”, apunta.
A su juicio, el riesgo reputacional es difícil de medir y puede generar reacciones desproporcionadas: “Algunas veces las reacciones se pueden sobredimensionar, como cuando una información personal de un directivo que, a priori, no parece grave, hace caer la cotización”, concluye.












