Aunque los formatos de conveniencia y los “hard discounters” —como Tambo y Mass— crecen a ritmos de doble dígito en las ciudades, el canal tradicional (bodegas, mercados zonales y locales) sigue siendo un pilar central del comercio en el Perú. La tendencia también se refleja a nivel regional: Mass abrió en julio su primera tienda en Santiago de Chile y anunció más aperturas, consolidando su apuesta por este modelo en mercados vecinos.
Para las bodegas, la competencia con nuevos formatos no es el único reto: deben operar en un entorno donde la seguridad es una preocupación creciente. Según la Asociación de Bodegueros del Perú, más del 60% de los comerciantes ha enfrentado incidentes de robo o extorsión en el último año, lo que condiciona horarios, inversiones y capacidad de atención al cliente.
Lejos de oponerse al cambio, el sector muestra una transformación silenciosa marcada por adaptación, cercanía y una lectura cada vez más precisa del consumidor cotidiano. El fenómeno no es exclusivo del Perú. De acuerdo con el informe The State of Grocery Retail in Latin America (McKinsey, 2024), la tienda de cercanía continúa siendo el canal de contacto más habitual en mercados con estructuras mixtas.
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Los tres pilares del canal tradicional
En ese marco, Perú emerge como uno de los países con mayor preferencia por el canal tradicional en la región. A nivel nacional, datos de la Asociación de Bodegueros revelan que este canal concentra más del 75% de las compras de consumo masivo, y que más del 80% de las bodegas en Lima han mantenido o aumentado sus ventas en los últimos dos años. Esto subraya la relevancia persistente de las bodegas en la canasta diaria de los peruanos, a pesar de las dinámicas competitivas recientes.
«El canal tradicional no es solo un formato vigente: es un punto de anclaje emocional y funcional en la vida de muchos peruanos. Su permanencia no se debe a nostalgia, sino a su capacidad de resolver necesidades reales con flexibilidad, conocimiento del cliente y una lógica de proximidad que ningún otro formato ha logrado replicar», comenta Willard Manrique, CEO del Grupo Crosland.
Esa fortaleza no es casual: respondería a tres atributos que siguen siendo decisivos para el consumidor peruano. El especialista Willard Manrique, CEO del Grupo Cosland, explica que estos factores son clave para entender cómo las bodegas han logrado sostener su posicionamiento frente al avance de formatos modernos:
Cercanía y confianza como activo estratégico: La relación con el cliente continúa siendo el principal activo de las bodegas. El bodeguero posee un conocimiento profundo de los hábitos, necesidades inmediatas y dinámicas del vecindario, lo que fortalece la lealtad y la recurrencia de compra.
Surtido optimizado por demanda local: A diferencia de los formatos modernos, las bodegas ajustan su portafolio no solo por rotación, sino guiadas por el entendimiento de la demanda local. Esta capacidad les permite responder con agilidad a cambios estacionales, variaciones de precios y campañas promocionales.
Digitalización progresiva sin perder la esencia operativa: De acuerdo con Produce Empresarial (2025), más del 40% de las bodegas peruanas ya emplean alguna herramienta digital para gestionar ventas, pedidos o pagos. El desafío no es meramente incorporar tecnología, sino hacerlo de manera que aún conserve la identidad y eficiencia operativa del negocio tradicional.
El avance de los formatos modernos y su impacto
El escenario se complica al observar que los formatos “hard discounter” han aumentado su presencia en áreas urbanas, ganando terreno especialmente en categorías básicas. Un análisis de NielsenIQ señala que este crecimiento se ha acelerado en los últimos años, impulsado por la promesa de ahorros inmediatos y la cercanía.
Aunque la propuesta de los discounters es atractiva por su estandarización y precios, ello abre espacio para que las bodegas destaquen por su flexibilidad y profundo conocimiento del cliente local, atributos que pueden traducirse en ventajas competitivas sostenidas. El auge de los formatos modernos no implica la anulación del canal tradicional, sino un entorno de mayor competencia.
Según McKinsey, los consumidores latinoamericanos tienden a combinar múltiples canales y priorizan factores como conveniencia, precio y experiencia, según el contexto de compra. «La convivencia entre canales es inevitable, pero lo que marcará la diferencia es la forma en que cada formato responda a las expectativas reales del consumidor. Las bodegas tienen la oportunidad de fortalecerse sin perder su esencia. Y en esa respuesta estratégica es donde el canal tradicional puede consolidar su ventaja», dijo Manrique.











